Mitos sexuales urbanos

Mar
13
2010
Artículo
Pedro Lucas

Autor Pedro Lucas Bustos

Todo el mundo ha oído alguna vez hablar de los mitos sexuales, falsas creencias sobre la sexualidad. Y muchos de los lectores pueden dar una respuesta sin necesidad de reflexión a la pregunta: ¿qué es un mito sexual? Aunque paradójicamente, es un mito pensar que el mito sexual sólo atañe al sexo. 

Los mitos sexuales son aquellas creencias erróneamente infundadas que se relacionan con lo que implica ser hombre o mujer dentro de una determinada cultura, es decir, con todo lo que supone la socialización del individuo según su sexo, identidad sexual, orientación sexual, etc. Algunos de estos mitos giran en torno a lo que hoy se le llama género, término a mi parecer mal utilizado, pues castra al sexo.

 

Por ejemplo, el significado de machismo se ha convertido en un cajón de sastre en el que cada vez, tienen cabida más características para definirlo. En una reciente comida familiar mi cuñada tras quitar la mesa, le decía a su pareja:”Eres un machista por no recoger la mesa”. La verdad es que puede serlo o no serlo, independientemente de si quita en ese momento la mesa o no, pero existen etiquetas más reales para definirlo en esta situación, como “vago”. A su vez, el significado de feminismo está adquiriendo connotaciones peyorativas. Algunos comentarios como “esa tía es una feminista”, hacen referencia al feminismo como si fuera lo contrario de machismo (hembrismo), pero si se busca en cualquier diccionario se puede leer que feminismo es el movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres. No pretendo en este artículo recoger un compendio de los mitos sexuales urbanos más frecuentes, pero sería interesante resaltar aquellos que más trascendencia e importancia tienen sobre nosotros, debido a que unos pocos, engloban o son la causa, de otros muchos. El arcaico mito sexual, que tiene su origen en la tradición judeocristiana, es que el sexo debe de tener un fin reproductivo. A simple vista es un mito ya extinguido, y pudiera estarlo, pero las secuelas que ha dejado este poderoso mito, aún se resienten. El binomio sexo-reproducción no permitiría por ejemplo, que las personas que no puedan reproducirse mantengan relaciones sexuales (niños, ancianos, discapacitados, homosexuales), tampoco toda aquella práctica sexual que no tenga una coherencia reproductiva (homosexualidad, sexo oral,…).

Recuerdo en un taller de Educación Sexual para personas mayores en el que un ex Capitán de la Guardia Civil me dijo: “¿A que usted no ha visto nunca a un gato realizando el acto con otro gato?, siempre es con una gata”. Y continuó, mientras gesticulaba con las manos una especie de cópula: “Lo más natural del acto sexual es como lo hacen los animales. De toda la vida el conejo se ha matao con la escopeta”. Investigaciones recientes llevadas a cabo por la Universidad de Occidente sobre mitos y representaciones de las relaciones sexuales, en referencia a que la satisfacción sexual de la mujer depende del tamaño del pene, se concluye que tanto hombres como mujeres están totalmente en desacuerdo con el mito, con un 70.45%. Así como, ningún hombre y mujer respondió estar de acuerdo con el mito. En general, en personas más jóvenes este tipo de mitos, como he dicho anteriormente, no existen pero la herencia histórica que arrastramos ha dejado sus secuelas. Un gran número de mitos gira en torno a la hipergenitalización de la relación sexual: el que tiene la nariz o los pies grandes, tiene un pene grande; si te pones cocaína en el glande se consigue una erección de mayor longitud, dureza y duración; comentarios como “yo he tocado el final de la vagina”, o “se me pone como el pescuezo de un cantaor”. Mitos que revelan la importancia social del falo como órgano por excelencia dador de placer, recayendo sobre el hombre TODA la responsabilidad del placer de la mujer, además del suyo. Hasta en el mismo lenguaje usamos términos y expresiones que delatan la hipergenitalización, ya no sólo de la sexualidad, sino del ser humano en general. Por ejemplo, en Andalucía Occidental a los hombres se les llama con la expresión “pisha” y a las mujeres “shosho”, como si en vez de personas fueran genitales andantes. En Andalucía Oriental, en cambio se sustituye “pisha” por “polla”, bastante más zafio: ¡Qué pasa polla! Una leyenda urbana cuenta que en un pueblo cercano a Granada había un problema que afectaba a todos los habitantes. Acudieron todos a la plaza del pueblo, a las faldas del Ayuntamiento. El alcalde se asomó al balcón y dijo: “Me han dicho que andáis de pollas, dejaos de pollas, vayamos a pollas”. Dicen que los ojos son el espejo del alma, pero si los acompañas del verbo se puede ver de qué está hecha.

 

MITOLOGIA Y PLACER

La existencia de mitos y falsas creencias tienen un efecto claramente negativo sobre el desarrollo de una actividad sexual satisfactoria y saludable y sobre la relación interpersonal entre los sexos. En una reciente investigación llevada a cabo por psicólogos de la Universidad de Granada sobre Culpabilidad sexual en adolescentes, se concluyó que la existencia de mitos sexuales entre los adolescentes, y su presencia puede estar mediatizada por variables como el sexo o el lugar de residencia, y que la culpabilidad sexual a esta edad se explica sobre todo a partir de las actitudes negativas hacia la masturbación, sexo no convencional y fantasías exploratorias. Los mitos, en parte, son los responsables directos de un gran porcentaje de las disfunciones sexuales más extendidas. La Educación Sexual recibida influye en nuestra capacidad para amar, para amarnos a nosotros mismos, para dejarse llevar, para conocerse y explorarse, para permitirse. Los mitos sexuales trasmitidos de padres a hijos tales como, “ahí no se tocan las niñas, eso no se hace, caca” pueden desembocar en un desconocimiento corporal por ausencia de auoexploración, provocando posibles futuras dificultades para experimentar placer. Una famosa y extendida frase que encierra varios mitos es la de: “No existe mujer frígida sino hombre inexperto”. ¿Existe la frigidez? ¿o más bien diferentes formas o manifestaciones de la misma? ¿El hombre es único responsable del placer de la mujer? Los mitos sexuales también afectan al placer masculino. Un amigo que recientemente ha tenido un hijo y su mujer tiene menos apetito sexual me decía: “Si no está dispuesta yo con el cinco contra uno lo tengo resuelto”. El onanismo convencional masculino, pobre eróticamente, reducido y centrado exclusivamente en el genital, desemboca en unos pocos y frustrantes segundos placer. Con el añadido de que sin la presencia de su mejor amigo, el hombre se encuentra discapacitado para experimentar placer o para creer que puede darlo. EL

JUEGO DE LOS MITOS

Los mitos generan expectativas. Los psicólogos estadounidenses Sheree Conrad y Michael Milburn, de la Universidad de Massachussets, en Boston, han creado el concepto de inteligencia sexual, siguiendo así la estela del famoso estudio sobre inteligencia emocional de Daniel Goleman. Mantienen, que es algo que se puede medir, cuantificar y potenciar. Y para ello han desarrollado un test con 52 preguntas, producto de su investigación sobre la vida sexual de medio millar de personas. Una de sus conclusiones es que los medios de comunicación ofrecen una visión distorsionada de la sexualidad, que influye de manera negativa en la percepción que las personas tienen de su cuerpo y en sus comportamientos sexuales. En concreto, los autores mencionan cuatro mitos creados por los medios: primero, que todos los demás tienen más relaciones sexuales; segundo, que nuestro cuerpo es defectuoso; tercero, que si uno fuera capaz de conseguir sexo, sería la panacea que resolvería todos los problemas; y cuarto, que si es necesario, el sexo se puede lograr por la fuerza. Estos cuatro mitos, además, están relacionados entre sí: “Las mismas imágenes de los medios que sugieren que todas las demás personas consiguen más sexo que tu ofrecen una respuesta implícita a por qué tu vida sexual es menos excitante que la de los personajes que vemos en televisión y en las películas: tu cuerpo no está a la altura. Lo cual es mala suerte porque si tu pudiera conseguirlo, el sexo resolvería todos los problemas”. Los mitos tienen vida, son como virus que nos corrompen, que juegan con nosotros y se nutren de nuestra capacidad de análisis. La capacidad de perpetuarse del mito aumenta con el número de infectados. Lo social nos influye queramos o no, pues tendemos a analizar lo que el otro espera de nosotros, y actuamos en consecuencia. Esto infecta hasta el mayor de los no infectados, o los desinfectados (temporalmente claro). Imagínense que salen un viernes noche, a dar una vuelta, para despejarse de la dura semana laboral. Conocen a una persona encantadora, y después de unas risas y unos bailes, empieza a nacer una atracción mutua muy fuerte, y deciden irse a un lugar más íntimo. Desde el momento en que se toma esa decisión, se generan unas expectativas personales y sociales en las que los mitos están presentes. Se marcan unos objetivos a cumplir (penetración y orgasmo) no pactados verbalmente, sino pactados por las expectativas virulentas del aire social que nos rodea. Si no existe un cumplimiento de esos objetivos más o menos acordes a las expectativas iniciales puede generarse malestar. Y si el cumplimiento de los objetivos ha sido desastroso, la situación puede marcar un punto de inflexión para el desarrollo de una disfunción sexual. ¿Realmente los mitos sexuales pueden dirigir mis actos? A través de los mitos se transmiten valores, moral, ética, dando como resultado la construcción de la persona con unas determinadas actitudes hacia la sexualidad suya y la de los demás. Los mitos sexuales generan patrones atribucionales de pensamiento, que canalizan y guían las conductas, por unos caminos poco acordes a este progresivo y contundente cambio sociocultural que ha sufrido nuestra moral sexual en estos últimos 40 años. Tanto hombres como mujeres necesitan por igual que se los libere, que se los desinfecte de estos virus, llamados mitos sexuales, que generan malestar y conflicto intrapersonal e interpersonal, al chocar de frente con las nuevas formas de planteamiento vital. Pero, ¿existe algún antibiótico o tratamiento contra estos virus?¿se puede hacer algo para erradicarlos? Los sexólogos utilizamos la Educación Sexual como vacuna o tratamiento paliativo para hacer frente a estos virus que hacen del portador, un individuo con predisposición al malestar. Un malestar con diferentes manifestaciones psicológicas, relacionales y sexuales. Para ganar tiempo en erradicar la epidemia ocasionada por el mito sexual, la clave es el tratamiento social, no sólo individual. No se trata de priorizar en educar a los más jóvenes, sino de re-educarnos todos.

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claudia guadalu...

  buenos dias tengo un problema ya no siento las ganas como antes de aser el sexo no se si es por que tengo el mismo metodo echarlo afuera tengo 31 año y no es justo que no sastifaga a mi marido 

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